viernes, 15 de abril de 2011

La Acrópolis de la Fe Cristiana


http://www.youtube.com/watch?v=0OBzX18rHQk

Título en inglés: "The Acropolis of the Christian Faith" (1:14:16 hr, puesto por LaneCh)


Es un gran privilegio para mí estar esta tarde con todos ustedes.  Un tremendo privilegio.  Los que han sido misioneros de entre ustedes, especialmente en terreno extranjero, pueden regocijarse de que en la mayoría de sus prédicas en la jungla no tienen que levantar/construir cosas como éstas.

Abramos nuestras Biblias en el libro de Romanos capítulo tres.

Vamos al Señor en oración:
Padre, vengo ante a Ti en el nombre de tu Hijo... y Señor, sé que aparte de Él no tendría parte contigo. Ninguna virtud, ningún mérito.  Nada, ni siquiera en todos estos años de caminar contigo.  Permanezco solamente por Cristo.

Padre, somos un pueblo tan necesitado y somos tan torpes de oído y mermados de visión.  Somos tan débiles en nosotros mismos. Te necesitamos, Dios. Y necesitamos Tu ayuda.

Señor, es una gran tarea, e incluso todos nuestros planes y estrategias son podredumbre /tonterías, aparte de Tu Palabra y Tu Poder. Ayúdanos esta noche y sabremos que nos has ayudado. Fortalécenos y sabremos que nos has fortalecido.  Nos dirigimos a Ti con gran confianza, a causa de Él.  

Padre, no tenemos ningún control sobre ti para decir: “Haz  esto por las naciones”, porque, ¿que son las naciones delante de ti, sino una gota en un balde?  O para que hagas esto por nosotros, ¿quiénes somos?  Pero, Padre, te pedimos que mires al rostro de tu amado Hijo, y que lo hagas por Él. Hazlo por Él. Señor... las necesidades son muchas y el predicador es muy pequeño. Tú sabes, Señor, Tú sabes. En nombre de Jesús. Amén.

En Romanos capítulo 3, versículo 23:
Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios expuso públicamente como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con miras a manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo y el que justifica al que es de la fe en Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

Si tuviera que soltar cada pedacito de las Escrituras y me permitieran guardar para mí sólo un pasaje de todas las palabras que se han escrito a través de hombres inspirados, elegiría este pasaje. A lo largo de la historia grandes teólogos y predicadores han llamado a esto "La Acrópolis de la Fe cristiana". Es el elemento esencial del evangelio. Y aparte de ello, no se puede predicar correctamente el evangelio de Jesucristo.
             
Ahora usted dice: “Bueno, hermano Paul, esta conferencia es sobre misiones. Se trata de misiones.”
Tenemos que entender algunas cosas. Las misiones no son acerca del envío de misioneros.  Y las misiones no tienen que ver con "hacer misiones". Las misiones son para la comunicación de la verdad a los hombres. Y usted puede enviar a todos los misioneros del mundo, pero si no están comunicando verdad es podredumbre /tontería y es carne.

Otra cosa que debemos entender es que vivimos en una época en la cual el evangelio no es muy claro. Un gran pecado de nuestro tiempo es lo que yo llamaría el reduccionismo del Evangelio. 
Hemos tomado el evangelio glorioso de nuestro bendito Dios y lo hemos convertido en cuatro leyes espirituales, o cinco cosas que Dios quiere que usted sepa.  Y si alguien dice que sí a todas nuestras preguntitas evangélicas los declaramos "papalmente salvos", si repiten una oración después de nosotros.  Se escuchan incontables historias de evangelistas que van al extranjero y predican a decenas de miles de personas y todas se convierten. Y sin embargo, cuando el misionero las va a buscar, no puede encontrar siquiera una el día domingo. 

Estamos en una era de superficialidad, una era en la que se hace mucho ruido. Pero, ¿que se está logrando?
Yo les diría que nuestra necesidad más grande es redescubrir el evangelio de Jesucristo y proclamarlo. Siempre he dicho esto, especialmente a los jóvenes misioneros con los que he tratado. Dénme un hombre -así de sencillo- que esté dispuesto a entrar hasta el medio de la plaza del pueblo con una Biblia abierta y a predicar el evangelio de Jesucristo hasta que alguien salga de ahí convertido, o él salga de ahí cargado en una camilla. Necesitamos predicadores. Necesitamos de hombres y mujeres que crean que esta tarea es tan grande, que ni todas las estrategias del mundo pueden convertir siquiera un alma.  Hay un poder de Dios para salvación.  Y es el evangelio de Jesucristo.

Así que me gustaría aprovechar este tiempo para revisar este evangelio. Ustedes dicen: “Pero, hermano Paul, ya lo comprendemos.”
Escúchenme. Hay mucho quehacer hoy sobre la Segunda Venida de Jesucristo y sobre la interpretación correcta del libro de Apocalipsis. Les puedo asegurar que van a comprender todo sobre el libro de Apocalipsis, y todo sobre la Segunda Venida el día que eso acontezca.  Pero también les puedo asegurar esto: que van a pasar una eternidad de eternidades y no podrán todavía comprender el evangelio de Jesucristo. 
No se trata de una introducción al cristianismo, y de, ahora que hemos sacado eso del camino -después de cinco minutos de consejo- pasemos a cosas más importantes.
No hay nada más importante en la vida cristiana que el evangelio. Nunca habrá nada más importante que el Evangelio. Y no hay poder para salvar, fuera de una proclamación clara del evangelio.
Ahora, esto es para el que está perdido y para el que aún no lo ha escuchado. Pero no pienses que termina ahí. La motivación más grande, la única motivación verdadera en la vida cristiana es lo que Dios ha hecho por nosotros en la persona y obra de Jesucristo.

Estaba escuchando todos los testimonios y escuchando el canto /la alabanza y quedé muy eufórico. Sentí ganas de comprar un boleto de avión y partir a predicar el evangelio en alguna parte del mundo en que todavía no haya sido predicado. Pero he descubierto que incluso el fuego que se construye a través de conferencias sobre misiones desaparece rápidamente. Tiene que haber una medicina más fuerte, algo que mantenga a un hombre en el campo, algo que haga a una mujer quedarse, aunque todo dentro de ellos esté gritando.
Se necesita más que una conferencia. Se requiere la revelación de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Todo lo que somos, y todo lo que hacemos debe ser motivado por esta sola cosa: Él derramó Su propia sangre por mi alma.
El cristiano vive entre dos días: el día en que Cristo, el Mesías, fue colgado delante de los hombres, y el día en que todos los hombres se arrodillarán ante Cristo.  ¡Esa es nuestra motivación!.

Ahora, echemos una mirada a este pequeño evangelio nuestro y veamos si lo comprendemos tanto como pensamos que lo entendemos. En primer lugar, examinemos el texto que hemos aprendido, probablemente el primer versículo que hemos aprendido en las Escrituras:
“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”

Sabes, cuando escuchas algo una y otra vez se convierte en algo común.  Y cuando se convierte en algo común, pierde su poder. Recuerdo la primera vez que crucé la Cordillera de los Andes y no podía entender por qué el anciano misionero estaba dormido en medio de toda esta belleza majestuosa. Y luego, años más tarde, cuando llevé a un grupo de jóvenes a través de la misma cordillera, me encontré roncando.
             
Hay un sentido en que, cuanto más se oye algo y cuanto más lees algo, el tema pierde parte de su majestuosidad. No es culpa del texto, la culpa es nuestra.  Sin embargo, sucede. 
Todos han pecado.”
Uno de los mayores problemas con la predicación del evangelio de hoy es que no estamos hiriendo a los hombres. No estamos hiriendo a los hombres.
¿Por qué los hombres no buscan un Salvador? Porque en la gran parte de la predicación, los hombres están bastante bien. Sólo necesitan unos ligeros retoques. Tienen todo lo que necesitan. Ellos sólo necesitan una cosita para hacer su vida perfecta -un poco más perfecta- y ésa es Jesús arriba de todo.  Y no entienden que todos los hombres nacen en pecado, desdichados y contaminados y odiando a Dios.  Con un corazón oscuro y muerto. No hay ningún hombre que lo busque a Él.
Cuando vamos a predicar el evangelio en el campo misionero, debemos comprender que nuestro trabajo es una catástrofe absoluta y será un fracaso encima de otro fracaso, aparte del poder de Dios para resucitar a hombres muertos.  No sólo muertos, sino hombres muertos que con el poder que está en ellos, cualquiera que sea la animación, odian a Dios.
Debemos, en nuestra predicación, convencer a los hombres, trabajar para decirles a los hombres, usar las Escrituras con todas nuestras fuerzas para gritar: “Todos han pecado.”

Si yo sacudiera unas llaves aquí esta noche, este gesto no llenaría su corazón con gozo. ¿Y quieren saber por qué?  Porque ustedes no están encerrados en un calabozo. Si estuvieran encerrados en un calabozo, el sonido de llaves siendo sacudidas les causaría alegría en su corazón. Gran parte de la predicación del evangelio de hoy tiene tan poco poder. No es muy difícil conseguir hombres salvos. El problema es encontrarlos perdidos.

Todos han pecado. 
Sé que no comprendemos ese texto, porque si realmente lo entendieran, como cristiano, saltarían ahora mismo de sus asientos, caerían al suelo y adorarían con gozo por haber sido salvados de algo tan atroz. Y si tú estás perdido aquí esta noche, sé que no entiendes este pasaje, porque si lo entendieras estarías temblando, muerto de miedo.
Todos han pecado.

Muchos de los predicadores populares están ganando mucha popularidad hoy en día, porque se hacen el propósito de no hablar acerca del pecado. Pero van en contra de la obra de nuestro Señor, quien al predicar predicó el pecado. Van en contra de la obra de los apóstoles que trabajaron con toda su fuerza intelectual, movidos por el Espíritu Santo, para revelar el pecado de los hombres. Y más aún, les puedo asegurar que un predicador o un misionero que no hace mucha /gran cosa del pecado no tiene la obra del Espíritu Santo en su vida, porque una de las grandes tareas del Espíritu Santo es convencer a los hombres de pecado. Y cuando no se cree eso, se está trabajando contra el Espíritu Santo.

Si nos fijamos en el libro de Romanos justo aquí, vemos al apóstol Pablo trazando lo más cercano que tenemos a una teología sistemática. Y sin embargo, él usa sus tres primeros capítulos y trabaja con todas sus fuerzas para hacer una cosa: para aislar a los hombres de toda esperanza carnal.  Para cercarlos, cerrar las puertas, para no proporcionarles ningún alivio en la carne, para que puedan así clamar a Dios y a la misericordia. “Todos han pecado.

Piensen en eso por un momento. ¿Saben por qué las personas no tiemblan por el pecado? Debido a que no entienden a Dios, porque el Dios en los Estados Unidos de hoy se parece más a Santa Claus que al Yahweh de la Biblia.  “Todos han pecado.

Es como si el día de la creación Dios está allí y manda a las estrellas a ponerse en el espacio y todas hacen reverencia y lo obedecen. Él dice a los planetas que se establezcan en órbita y a moverse según Su decreto, y todos hacen reverencia y Le obedecen. Él dice a las montañas que se levanten y a los valles que desciendan y todos Le obedecen. Y entonces mira al mar bravo y dice: “Llegarás a este punto y no irás más lejos,” y el mar Lo reverencia y Lo adora. Y luego mira al hombre y dice: "Ven", y el hombre dice, "¡No!"

La naturaleza atroz del pecado.  La revelación de esa verdad es la obra del Espíritu Santo.  Y como ministros del evangelio debemos de ser amables, debemos ser cariñosos, debemos ser suaves, pero debemos hacer mucho del pecado.Todos han pecado.

¿Cuánto haces del pecado cuando testificas?
¿Cuánto expones las Escrituras delante de los hombres?
¿Qué tanto intentas convencerlos?
Sé lo que es común. La pregunta que se hace es: ¿Te das cuenta de que eres un pecador?
Si una persona dice, “Sí,” seguimos a la siguiente pregunta.
Si una persona dice, “Sí, sé que soy un pecador,” no significa absolutamente nada.
La pregunta no es: ¿Reconoce usted ser un pecador? El diablo reconoce que es un pecador.  Él es el mejor de todos en eso.

La pregunta no es: ¿Reconoce usted ser un pecador? 
La pregunta es: “Al escuchar la predicación del evangelio, ¿Dios ha conmovido su corazón de modo tal que ahora odia el pecado que una vez amó?, ¿y que del pecado del cual una vez se jactó ahora se avergüenza?; ¿que del pecado al que una vez se aferró ahora desea con todas tus fuerzas ser separado, ser redimido de él?
... todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios.

Las interpretaciones de hoy en día son algo así:  -Todo es acerca del hombre-
“Dios tiene un plan maravilloso para tu vida, pero tú no has alcanzado ese propósito maravilloso y glorioso.” 
Ese no es realmente el énfasis aquí en este texto. Tienes que analizar el  texto en su contexto, que es Romanos 1. Cuando dice que todos cayeron y están destituidos de la gloria de Dios quiere decir que, aunque conocían a Dios, no lo glorificaron como Dios, ni le dieron gracias.

El mayor problema del hombre hoy es que todo es acerca de sí mismo. Tiene un agujero infinito en su corazón que no se puede llenar ni consigo mismo ni con todas las cosas del mundo. Requiere infinito, y ése es Dios. Les daré un ejemplo. Basta con mirar a nuestras librerías cristianas de hoy. Somos los más adinerados, los más protegidos, los cristianos más a salvo que hemos caminado sobre la faz de la tierra y, aún así, vayan a esas "librerías cristianas" y el 75% de los libros que se ofrecen tratan de lo vacíos que estamos.

¿Por qué estamos tan vacíos? Por la misma razón por la que Jesucristo nunca lo estuvo. Él dijo: Tengo un alimento para comer que ustedes no conocen. "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió.”
¡Todo sobre sí mismos! Los hombres están llenos de sí mismos. Los hombres no necesitan más autoestima. Necesitan darse cuenta de que ése es su mayor problema. Y lo que necesitan es estimar al único digno de estimación, que es Dios; de perderse en él.  Sin embargo, para predicar de esta manera, para tener un evangelio como éste, los hombres deben saber quién es Dios.

Si diera una conferencia sobre cómo conseguir una buena vida en esta época, si diera una conferencia sobre la forma de cuadrar su chequera en el nombre de Jesús, podría llenar un auditorio. ¿Pero qué pasaría si diera una conferencia sobre nada más que los atributos de Dios? 
¿Se dan cuenta que el domingo por la mañana es el tiempo de mayor idolatría en los Estados Unidos?  Porque la gente adora lo que no conoce. Si yo les diera un pedazo de papel -incluso aquí ahora- y dijera: “Escríbanme acerca del cristianismo histórico clásico.  Una descripción de los atributos de Dios junto con algunos textos”. ¿Se dan cuenta de que muchas personas adoran hoy a un dios que no es Dios, incluso en nuestras iglesias? 
Adoran a un dios que han creado con su propia mente, y adoran lo que han creado.

Una de las mayores necesidades de nuestra evangelización es enseñar a los hombres quién es Dios. El evangelio no comienza con el hombre, sino que comienza con lo que Dios realmente es. Porque ahí reside el problema. Si Dios no fuera quién Dios es, entonces el pecado no sería el problema que es. Pero el pecado es el problema que es, porque da la casualidad /ocurre que Dios no es solamente amor, sino que también es santo y justo. “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.

Otra cosa que es muy importante de entender es que el pecado tiene consecuencias, y que no son naturales. La muerte no es una consecuencia natural del pecado. Es una consecuencia sobrenatural del pecado. Es el juicio de Dios. Hay algo llamado ira. Hay algo llamado justicia. Hay algo llamado santidad. Hay un sentido en el que Dios juzgará a cada uno según sus obras. Hay un sentido en que Dios juzgará a todos los hombres. Y muchos hombres serán depositados en el infierno por la misma Palabra de Dios. Dios pronunciará la sentencia.  
¿No hará lo correcto el Juez de toda la tierra?
El hombre ha pecado. 
El hombre está en enemistad con Dios y Dios está en enemistad con los hombres. Y si no cree eso, usted no cree en el cristianismo histórico. 
Pero continúa en el versículo 24, hablando del cristiano: “Siendo justificados...” “siendo justificados...” Ser justificado no significa simplemente "como si nunca hubiera pecado".
Rima (en inglés "just if..."), pero no quiere decir eso. 
Ser justificado no significa que en el momento en que una persona pone fe salvadora en Jesucristo es hecha justa delante de Él, porque si así fuera el caso, ella sería absolutamente perfecta; no volvería a pecar de nuevo. Ser justificado delante de Dios es una declaración forense, o legal, mediante la cual Dios declara que esa persona hizo las paces con Él.

Ahora, ¿cómo sucede eso?.  Él dice: como un regalo de su gracia.  Está Él siendo redundante aquí, parece, pero lo hace a propósito. Es casi como si estuviera diciendo: “Siendo justificados o declarados en paz con Dios por un regalo, como un regalo, como un regalo, como un regalo”.  Que es un regalo, y nada más que un regalo.
Ahora vamos a ver dos cosas aquí que son muy importantes. Primero que todo, un estudio de las religiones de nuestro tiempo. 
Se entiende, en un sentido, ser una cosa muy, muy valiosa de hacer. Se puede decir que sólo hay dos religiones: la religión de la gracia y la religión de las obras.  Cualquier persona que se aferra a una religión de obras no entiende dos cosas fundamentales: Qué tan santo y justo es Dios, y lo pecaminosa que ella es.  Son ciegos a esas dos realidades. Pero, quiero que miremos algo por un momento. Vamos a pensar acerca de esto.
“Justificado como un regalo.”

Esta misma palabra es utilizada cuando dice que "Lo odiaron sin causa". 
¿Alguien alguna vez tuvo una razón para odiar al Mesías? ¿Alguien alguna vez tuvo razón para odiar a Cristo? ¿Alguna vez alguien pudo señalar a Jesús y decirle: “Tú has hecho esto y aquello y por lo tanto tengo una causa justa para odiarte?” ¡No! Cristo nunca pecó contra Dios ni contra el hombre. Pero dice que "Lo odiaron sin causa". Y de la misma manera aquí, en este texto, Él dice que justifica a los hombres sin causa para hacerlo. Ellos no Le dieron una causa para que los justificara... Como cuando Israel, básicamente, hace la pregunta: Dios, ¿por qué has escogido a Israel?, en Deuteronomio. ¿Por qué has establecido Tu amor sobre Israel? Y la respuesta parece una burla. Él dice: “Yo los he amado, porque los he amado.

Y lo que está diciendo, básicamente es: “Israel, la única razón por la que te amo es porque Yo he escogido amarte. No tiene absolutamente nada que ver con tu virtud o mérito. Es todo por Mis motivos.”
Si eres justificado no tiene absolutamente nada que ver con alguna virtud o  mérito en tu vida. Tiene todo que ver con quién es Dios y el poder salvador del evangelio. 
Cuando miramos a las religiones podemos ver esto:
Usted habla a... vamos a analizar una entrevista a un judío ortodoxo, un musulmán y un verdadero cristiano. Tengo que decir "un verdadero cristiano", porque, por supuesto, en Estados Unidos todos dicen ser cristianos. ¡Por eso es tan difícil evangelizar a los musulmanes!

Usted le pregunta a un judío ortodoxo: “¿Si usted muriera en este momento adonde iría?”.   Él puede decir: “al paraíso", o "al camino de los justos", "al seno de Abraham.”
“¿Por qué?”
“Amo la ley de Dios. Honro la ley de Dios. La ley de Dios tiene un lugar central en mi casa. Soy un hombre justo.”
Y el reportero dice: “Bien, entiendo eso.”

Y el reportero va al musulmán:
“Si usted muriera en este momento, ¿adonde iría?”
“Iría al paraíso.”
“¿Por qué?”
“Amo el Corán. He hecho las peregrinaciones, las oraciones diarias, la limosna. Soy un hombre justo.”
“Bien.”

Va al cristiano:
“Señor, si usted muriera en este momento, ¿a dónde iría?”
“Al cielo.”
“¿Por qué?”
“En pecado fui concebido y en pecado mi madre me trajo. He infringido cada ley que Dios ha dado alguna vez.  Merezco el...”
Y el reportero lo detiene y le dice: “Señor, usted es una paradoja para mí. No entiendo. A estos caballeros los comprendo perfectamente. Ellos van al cielo, porque es exactamente lo que se merecen. Pero, señor, usted me está diciendo que va al cielo, y al mismo tiempo me relata en el modo más horrendo todas las razones por las cuales no debería ir. ¿Por qué, señor, va a ir al cielo?”
Y el cristiano grita: “Voy al cielo basado en la virtud y en el mérito de otro, Jesucristo, mi Señor." 
Cristo. Haciendo mucho de Él, mucho de Cristo. Todo es Cristo.
Siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención...

Me encanta todo tipo de música, pero a veces tengo problemas con cierta música cristiana.  Tengo problemas con mi propia forma cristiana de hablar, a veces. Cuando empezamos a utilizar las palabras ligeramente...
“¡Hermano, he sido redimido!”
¿Qué? ¿Qué?

Se dice de un viejo puritano que después de usar ciertas palabras en las Escrituras se quedaba en silencio y sus labios temblaban.
“He sido redimido.”
             
Redención, un precio pagado para liberar a un cautivo, o a un esclavo. Y ustedes no fueron redimidos con baratijas, sangre, plata, o sangre de cabras. Fueron redimidos por la sangre del propio Hijo de Dios. Hay suficiente verdad en esa afirmación para llevarte a la gloria, si lo entendieras. Nada más necesito.  Por eso detesto las predicaciones que tratan de usar algo más que a Jesucristo para llevarme a aceptar la salvación. No necesito otro argumento, no necesito otro pretexto. No me digas que me va a sanar. ¡No me importa! No me digas que me dará un buen auto /coche, o una casa maravillosa, o un seguro, o mi mejor vida ahora.  ¡No lo necesito!   ¡Dime una cosa!: ¿Derramó Él Su propia sangre por mi alma? Entonces, no baratees la llamada.

Como solía decir el anciano Leonard Ravenhill, “Cristo le ofrece dos cosas: la vida eterna y un tronco en el cual morir.” Pero, debido a Su sangre, ¡Es suficiente!, ¡Es suficiente!"
Y la motivación, ¡mis queridos amigos! Muchos de ustedes van en viajes misioneros, y eso es maravilloso. Y vas allí y dices: “Esta es una vida maravillosa.” 
Sí, lo es, en las primeras seis semanas. 
Puede ser el infierno... incluso cuando no eres perseguido, aún cuando la gente no está derribando tus puertas. Ustedes no tienen idea de la diferencia entre unas pocas semanas y seis meses, cuando las cosas ya no son nuevas y ya no te sientes feliz y ya no es entretenido y tardas cuatro días sólo para encontrar neumáticos de camión, y te das cuenta de que cada vez que oras los Coros de Aleluyas no prorrumpen y hay sólo un montón de trabajo monótono y difícil y te sientes tan solo que tus huesos llegan a crujir.
Se necesita algo más que adquirir el fuego para mantenerte allí. Se necesita algo más que música cristiana.  Incluso se necesita algo más que un llamado.  Se necesita saber y crecer todos los días de tu vida en esto: "Él derramó Su propia sangre por mi alma. Él derramó Su propia sangre por mi alma." 
Eso es lo que impulsa a un misionero.

Un misionero -no se equivoquen- puede no tener cadenas físicas alrededor de sus brazos, pero es un prisionero; y si no es un prisionero, no es un misionero. Están aprisionados /sujetos con algo mucho más fuerte, y a veces mucho más terrible que cadenas: Es el amor de Jesucristo... que los constriñe. 
Cuando usted trabaja y trabaja y trabaja, y después que todo su trabajo está listo todo se viene abajo.  Un viento sopla por cinco minutos y tira todo abajo y usted tiene que recogerlo y empezar otra vez.

Sólo hay una cosa que puede hacer que usted haga eso: "Él derramó Su propia sangre por mi alma." Y mi valor no es medido -y los grandes líderes de las grandes convenciones necesitan entender esto- el valor de los misioneros no se mide por el éxito.  Se mide por la fidelidad.   Se mide por la fidelidad.
Y ni siquiera la fidelidad al llamado de otro o al poder de otro, sino al lugar específico que Dios les ha asignado, y a la propia obra que realicen en Su nombre.
Se puede notar que fui misionero.

Él derramó Su propia sangre para comprar mi redención, que es en Cristo Jesús.
Hace poco, en Colosenses -estaba estudiando el texto en griego- empecé a  entender que el texto no necesariamente dice: “creado por Él” -por Cristo- sino “creado en Él.” Todo lo que ha sido hecho por Dios se ha hecho en y por el Hijo. ¡Todo se trata del Hijo, y así deberíamos ser también nosotros, todo acerca de Él!  No estemos entusiasmados con las misiones.  Corremos el riesgo de convertir las misiones en idolatría.  ¡Entusiasmados con Él!
Cuando oro por mis hijitos en la noche no ruego: “¡Dios has de ellos grandes predicadores”!, porque hay un montón de grandes predicadores que van a morir y van a ir al infierno. No es el punto hacer de ellos grandes esto o aquello, sino, ¡Padre, tómalos.  Toma su corazón! Dáselo a tu Hijo. Que sean prisioneros de tu Hijo. Que sean impulsados por la pasión, aunque sólo estén manejando una escoba como portero; ¡que tengan más pasión por una escobada que mil sermones de un predicador insensible a Cristo!"

Un joven se me acercó una vez y me dijo: “Tienes razón, hermano Paul, Jesucristo es todo lo que necesitamos.”
Le dije: “Joven, Jesucristo es todo lo que tenemos. No hay nada fuera de él.”
Hay sólo dos esferas de existencia: Adán - Cristo; muerte -  vida; condenación -  justificación.

Y continúa: “A quien Dios expuso públicamente.
Quiero que miren esto. Hablando acerca de la cruz Martyn Lloyd-Jones dijo que 'Dios lo exhibió como un afiche /cartel'
(PW dice: "una buena palabra en inglés", refiriéndose a 'placarded' = anunciado o avisado mediante un cartel, afiche, póster o pancarta)  

Lo alzó como un letrero /afiche /cartel de esos que ves al lado de la carretera.
Él quería que fuera en el lugar más visible. Pudo haber sacrificado al pecado en tantos otros lugares, pero escogió la ciudad más pecaminosa del universo, la meca religiosa más grande del universo. Y fuera de esa ciudad, en un cruce de caminos exhibió como un letrero/una pancarta a Su Hijo. ¿Por qué?  La cruz es más que la salvación de los hombres.  La cruz es para la revelación de Dios.   Para que en la cruz pudiéramos saber quién es Dios.

Y dice que Dios lo exhibió públicamente como una propiciación. En mi opinión, absolutamente la palabra más importante de toda la Biblia, aparte de los nombres de Dios: "Propiciación". Una propiciación.
Porque eso responde a una pregunta. Responde la pregunta más importante, una pregunta que -si se ha sido sensible a este texto- uno se da cuenta.  
Una pregunta que, si usted ha sido sensible a este texto, literalmente lo ha dejado boquiabierto. Un dilema divino, un problema que no se puede resolver. Un trozo de roca para ser removido.
Se trata de un gran... es el Evangelio y usted tiene que entender esto. ¿Y qué es lo que tiene que entender?  Es este problema.

Dice aquí en el versículo 23 que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”
Y dice en el 24 que fueron justificados. 
¡Eso está equivocado!
Usted dice,  “¿Qué está mal?”
Hay un problema. Quiero que usted vaya -sólo por un momento- al libro de Proverbios, para que entienda a qué me refiero cuando digo que eso está incorrecto. Capítulo 17 versículo 15,  “El que justifica al impío y el que condena al justo, ambos por igual son una abominación al Señor.” 
Ahora, ¿qué es una abominación? Simplemente no hay palabras para explicarlo. Es demasiado fuerte. Es lo más atroz, repugnante, más allá de las palabras, más allá de una definición, asco. 
Y ¿qué dice el texto? “El que justifica al impío es una abominación al Señor."  El que justifica a los malos es una abominación.

Pero después  miramos en Romanos 3 y, ¿qué vemos? Dios justifica al impío. ¿Alguna vez has pensado en eso? Si Dios es justo, no puede perdonarte. Si Dios es santo, no puede tener comunión contigo. No puede.  No porque exista una ley por encima de Él que lo constriña, sino por Su propia naturaleza. Si Dios es justo, no puede perdonar a los hombres, porque los hombres son malvados y el juez de toda la tierra debe hacer lo correcto. 
El mayor problema en todo el evangelio es éste: Si Dios es justo, no puede perdonar a los impíos.
Dices: “Bueno, yo no entiendo el problema.”
¡Por supuesto que no!
Miremos nuestra cultura. No es verdaderamente una cultura de justicia, ¿verdad?. Ya no leemos libros del pasado sobre leyes. 
Dudo seriamente de que cualquier candidato a la presidencia esté leyendo 'Rutherford's Lex Rex', la Ley del Rey.  Ustedes ven, somos un pueblo de labios impuros.  Consumimos iniquidad como si fuera agua.   No discernimos entre lo bueno y lo malo.

Pero, aquí está el problema. Déjenme exponérselos. En lenguaje moderno, digamos que usted llega a casa esta noche y toda su familia... usted los encuentra...  Los dejó en la casa, vuelve, y su familia entera está masacrada en el suelo. Y vigilando al último familiar que sigue respirando está el asesino con sangre en sus manos. Le quita la vida a su hijo estrangulándolo. Usted cruza el cuarto corriendo, y lo tira al suelo. Lo ata y llama la policía. Y la policía lo lleva a la cárcel y, finalmente, ante el juez. Y este hombre que ha asesinado a toda su familia se encuentra ante el juez -aquí en este condado- y el juez lo mira y le dice: “Soy un juez muy amoroso. Te perdono. Vete a tu casa.” 

Usted gritará “¡Exijo justicia!” Usted escribirá a los periódicos, llamará a los medios de comunicación, enviará cartas a los senadores y al Congreso, y dirá que en el estrado hay un juez mucho más vil que los criminales que están delante de él. ¡El trabajo de un juez es hacer justicia!
¡No es justo!  Es retorcido y equivocado y oscuro y horrible y la sociedad se derrumba y nosotros no podemos vivir bajo ese tipo de tensión moral.

¿Usted exige esa justicia de sus jueces, y no la quiere de Dios? 
La mayor de todas las preguntas en la teología cristiana es la siguiente: ¿Cómo puede Dios ser justo y, al mismo tiempo, el que justifica al impío? Ese es el problema más grande en todas las Escrituras.
¿No es asombroso? Yo digo cosas como estas y miro a las personas y ellas dicen: “Nunca en mi vida había escuchado eso antes.” 

Y sin embargo, es justo la parte central del Evangelio. Creo que lo hemos perdido, amigos. Hemos tomado el evangelio de Jesucristo... A veces nos preguntamos por qué el Evangelio tiene tan poco poder hoy día. Y entonces tenemos que hacer todo este crecimiento de iglesias -y todo lo demás- y sencillamente ya no se puede más predicar el evangelio, porque no tiene poder. No puede atraer a la generación X, ó Y, ó Z,  -o cualquiera otra cosa- ¡porque ya no estamos predicando el evangelio! 
Es una forma de credo truncada, pero no es el evangelio.
El evangelio es poderoso y es mortífero. Da vida y es escandaloso.
Pero ahí reside el poder de Dios para salvación. ¿Cómo puede un Dios justo perdonar a hombres malos y aún así ser justo?: Una propiciación.

En castellano antiguo se usaba la palabra "propicio". En la Reina Valera, una versión antigua en español: “Amo, sea propicio a mí”.  "Maestro, sea propicio o misericordioso conmigo". Imagínense por un momento... imaginen que volvimos atrás 500 años y estamos invitados a España.  Estamos en España y soy un esclavo. Y el castigo para un esclavo que roba es la muerte.  Esa es la ley.  Eso es lo que dice la ley.  Él debe morir.
Entonces, estoy robando y mi amo entra, y me atrapa robando.   Y me agarra por el cuello -lleno de testigos a su alrededor- y empieza a arrastrarme a la horca.   Y caigo sobre mis rodillas y digo: “Amo, sed propicio a mí".  "Sea propicio a mí. Tenga misericordia de mí.”
Usted dice: “Bueno, ahora el amo tiene que tomar una decisión.”
¡Ah!, hay un problema. La ley exige mi muerte. La justicia exige que yo muera. Por un lado, entiendo que le estoy pidiendo a mi amo que desobedezca la ley: que haga vista gorda a la justicia y perdone mi pecado.

Como ya he dicho, la sociedad no puede soportar esa tensión, ni tampoco el Reino de los Cielo.  Y un Dios justo seguramente no lo hará.  Antes de que Dios pueda perdonar a los hombres malvados y declararlos justos, la justicia debe ser satisfecha. 
Ahora, tenemos que tener mucho cuidado aquí.
Cuando digo que la justicia debe ser satisfecha, no estoy diciendo que existe una gran ley a la cual hasta el propio Dios debe someterse. ¡No! Cuando digo que la justicia debe ser satisfecha, estoy diciendo que la justicia de Dios debe ser satisfecha.

¿Has oído predicadores decir, “Dios podría haber sido justo con usted, pero en lugar de ser justo, Él fue amoroso?”
¿Tienen alguna idea de lo que ese predicador acaba de decir?
El amor de Dios es injusto. 
No, mi amigo, Dios es amor y Dios es justo.  Y en amor, Dios satisface/cumple con Su justicia con un sacrificio: una propiciación
Un sacrificio lo suficientemente poderoso como para satisfacer la justicia de Dios, apaciguar la ira de Dios contra el hombre y hacer posible que un Dios justo reciba a hombres malvados y los declare justos, aunque sus obras griten lo contrario.

Bueno, ¿qué tipo de sacrificio necesitamos? 
Sabemos que la sangre de los toros y cabras no pueden llevar a cabo esa tarea. Un hijo de Adán ha pecado. Un hijo de Adán debe morir. El hombre ha pecado, el hombre ha caído, el hombre merece la muerte -en el infierno, bajo la ira de Dios- por toda la eternidad. Sólo hay una manera de salvar al hombre: satisfacer  la justicia, y consumir la ira, apaciguarla. ¿Cómo se debe hacer? Como ya he dicho, se requiere un hombre. Pero, al mismo tiempo se requiere más que de un hombre. El que muere en el lugar de los hombres no sólo debe ser un hijo de Adán, sino que también debe ser el Hijo de Dios.   El Hijo de Dios, la plenitud de la deidad.  
Y usted dice, "¿Por qué?"
Bueno, consideremos algunas de las razones.

En primer lugar, Jonás, en el vientre de un pez dijo algo muy sabio, que creo hemos olvidado: “La salvación es del Señor. La salvación es del Señor.(Jonás 2:9) Es por eso que la doctrina de los Testigos de Jehová es una abominación tan grande, porque están diciendo que el Señor de la gloria hizo una criatura y la envió para corregir nuestra condición y hacer posible la reconciliación. Si eso es cierto, entonces una criatura nos ha salvado y una criatura es adorada. Pero la Biblia dice lo contrario: “La salvación es del Señor.” Y Él no comparte ese título con nadie, ni arcángel, ni rey. El que muere en ese árbol debe ser Dios, porque “La salvación es del Señor.

Hay otra razón. ¿Si no era Dios, quién hubiera podido soportar la ira de Dios? ¿No te das cuenta que las montañas se derriten ante su ira y los ríos se secan y el mar inclina su cabeza, de miedo? A veces, jóvenes me dicen: “Un día estaré de pie delante de Dios.” 
No, no lo estarás. Te derretirías ante Él como una pequeñísima figurita de cera frente a un alto horno. 
¿Quién puede soportar la ira de Dios y levantarse de nuevo?
¿Quién puede ser tratado con tanta dureza y retomar su vida?
Otra consideración quizás sea esta: -no se menciona mucho, pero creo que es muy importante- Una vida que debe ser dada. 
¿Y quién exactamente tiene una vida para dar?
Usted dice: “Bueno, si Dios hubiera encontrado al hombre obediente...”.   Ese hombre obediente no tendría vida en sí mismo: tiene una vida prestada. Si regala su vida, ha regalado una vida que le ha sido dada a él por Dios. 
Pero Jesús dijo: “Tengo autoridad para dar mi vida y para volverla a tomar.” (Juan 10:17) Porque era Suya. Él no estaba dando un producto prestado. Él estaba dando Su propia vida a causa de Su pueblo.

Por último.  Una vez estaba hablando en una universidad, y después de una sesión de preguntas y respuestas, un joven se paró y dijo: 
“Bueno, predicador, tengo una pregunta para usted: ¿Cómo puede UN hombre sufrir por unas escasas horas en un tronco y salvar multitudes de hombres de una eternidad en el infierno? No es justo.”
Y dije: “¡Ah, muchacho, gracias por esa pregunta! Ese hombre en ese árbol pudo sufrir por unas pocas horas en ese árbol, y salvar a una  multitud de hombres de una eternidad en el infierno, porque ese hombre en el árbol valía más que todos los hombres juntos."
Si usted junta todo lo que existe -grillos y payasos, y las montañas y madrigueras de los topos, y las estrellas y las galaxias, y campos de trigo, ganado, hombres sin número- y los pone en la balanza, y usted pone a Jesucristo en el otro lado y Él supera a todo.
¡Es por eso que tenía que ser Dios, y es por eso que murió por nosotros! Cuando los teólogos hablan sobre el perfecto sacrificio de Cristo no están simplemente hablando acerca de su perfección sin pecado.  Están hablando acerca de su valor infinito. ¡Ah, qué precio fue dado!, ¡qué precio fue pagado!, ¡Ah, qué gran cosa sucedió cuando Él derramó Su sangre en ese árbol!

Ahora vamos a continuar. No vamos a terminar todo lo que se podría hablar sobre el asunto, pero sí vamos a alcanzar la mayor parte. 
Hace varios años, cuando Mel Gibson hizo su película sobre Cristo -yo nunca la vi- pero no tengo... no estoy enojado a causa de eso.  No estoy enojado con él, no voy a pelear, ni ninguna otra cosa. Pero, recuerdo que me llegó correo electrónico tras correo electrónico tras correo electrónico acerca de la película, acerca de equivocaciones en esto, y eso y aquello. Y cuando yo recibía un correo electrónico, escribía una respuesta y decía: “Tengo mucho menos problema con la película de Mel Gibson de los que tengo con la predicación bautista.”  
Y lo digo en serio.  

Cuando salió esa película oí a un predicador -un predicador muy destacado- levantarse y decir: “voy a usar mi tiempo entero por la radio nacional para explicar la Cruz de Cristo.”
Pensé: “¡Alabado sea el Señor!”
Apagué mis aparatos  -estaba trabajando afuera en la hacienda- apagué mi camión y encendí la radio y me quedé escuchando. Por una hora, el pastor explicó lo que los judíos le hicieron a Jesús. Durante parte de esa hora habló de lo que los romanos le hicieron a Cristo. Y nos dijo lo que la comunidad médica dice sobre el látigo y los clavos, y la corona de espinas y cuando le pusieron y le quitaron el manto, cuando le rasgaron la carne -y esto y aquello- y la lanza en su costado. Y ni una sola vez -ni una sola vez- nos habló acerca del evangelio.

Mi querido amigo, si usted es salvo aquí esta noche, no es salvo simplemente por lo que los romanos y los judíos le hicieron a Jesús. Si usted es salvo aquí esta noche es por lo que Dios le hizo a Su propio Hijo en ese tronco.
Cuando yo predicaba mucho en Sudamérica, creé un término llamado “El evangelio romántico”.  Es un evangelio católico que habla tanto del sufrimiento físico de Cristo, convirtiéndolo en un mártir digno de lástima; pero ni una sola vez menciona el peso del pecado y la ira del Dios Todopoderoso cayendo sobre la cabeza de Su Hijo.

Todos esos folletitos nuestros acerca de evangelización donde Dios está a un lado y el hombre está del otro lado y hay una gran separación. 
¿Y cuál es la razón de esa gran separación? Hemos pecado, y Dios es santo.
¿Cómo crees que se cerrará esa brecha? 
¿Porque los romanos lo azotaron en la espalda? 
Él está en ese tronco y se convierte en pecado. 
El Santo, Santo, Santo de Dios se convierte en pecado. 
Maldito todo aquel que no cumple todas las cosas escritas en el libro de la ley para llevarlas a cabo.(Gálatas 3:10)
             
Maldito. ¿Sabes lo que significa ser maldito? No te gustará esta definición. Significa que algo es tan vil ante un Dios santo, tan odiado -incluso ante todos los habitantes en gloria- que la última cosa que el hombre malvado escuchará cuando dé el primer paso en el infierno es a toda la creación de pie aplaudiendo a Dios, porque Dios ha librado a la tierra de él. 
Ustedes no lo creen, porque no saben lo malos que son los hombres. Y ése es el problema con su evangelio. Por eso tiene tan poco poder y tienen que hacerlo interesante con tantas otras cosas.
Toda la humanidad está bajo maldición, porque toda la humanidad ha violado la ley de Dios. 
Pero Cristo, dice Pablo en Gálatas capítulo 3, versículo 13: “Cristo nos redimió de la maldición de la  Ley.”  
¿Y cómo lo hizo? Se convirtió en una maldición por nosotros. Como John Gill dice: “Tomó nuestro lugar ante la ley, y tomó sobre Su cabeza nuestra culpa.”

Algunas de ustedes, queridas hermanas aquí esta noche; vamos a decir que salieran a las calles de Chicago y estuvieran testificando a las prostitutas allí. Y de repente llega el furgón policial y lleva a todas las prostitutas a la cárcel. Pero, por error, la policía la lleva presa a usted también y la trata como si fuera una de las prostitutas. Mientras usted está en el furgón policial las mujeres se están riendo y contando chistes. Ya les ha pasado lo mismo mil veces. Ya están acostumbradas a eso. Usted siente total terror y vergüenza. La llevan al recinto policial. Le toman las huellas. La meten en la cárcel. 
Las mujeres están todas bailando y cantando, riendo y burlándose de la policía.
Usted siente que está a punto de morir.
Su corazón se ha desintegrado en tantos pedazos que ni los lograría encontrar. Ellas están acostumbradas a eso. Usted no. Y así Cristo.  Como dije, nosotros bebemos iniquidad como si fuera agua. ¿Acaso el pez sabe que está mojado?

Pero Cristo, sin pecado, toma sobre Sí nuestro pecado y luego grita desde ese árbol: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46, Marcos 15:34) 
Si una vez más escucho a un predicador decir que el Padre volvió Su rostro hacia otro lado, porque no podía soportar mirar a Su Hijo a causa del sufrimiento que le ocasionaron las manos de hombres malvados, creo que voy a perder los estribos Eso no es lo que Él dice. 
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.  Es porque el Hijo de Dios en ese árbol se convirtió en pecado. Y Dios se apartó, porque no puede mirar al pecado, la iniquidad.
Alguien tenía que morir.

Recuerde, volvamos a esos folletos. Alguien tiene que morir separado de Dios, fuera de Su presencia favorable, para cerrar esa brecha. Cristo el Mesías viene, va a ese madero. Él toma su suciedad sobre Sí mismo y muere fuera de la presencia favorable de Dios, aislado del pueblo de Dios. Y, por tanto, dice: “Murió fuera de las puertas de la ciudad.” 
Él es como ese chivo expiatorio. La nación de Israel se revela. Sus líderes ponen sus manos sobre la cabeza del macho cabrío, simbólicamente transfiriendo el pecado del pueblo de Dios a ese animal y entonces, un macho cabrío es muerto y otro es llevado al desierto para morir solo. Así también sufre Cristo en el madero, fuera no sólo de la presencia de Su pueblo, sino también de la Presencia de Su Dios.
             
En el Salmo 22 escuchamos el llanto, el mismo llanto. Él lo saca del Salmo 22, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, dice el salmista. “¿Por qué estás tan lejos de las palabras de mi gemido?” Y entonces hace una denuncia. Él dice: “De día y de noche he clamado a Ti y no me has contestado.” 
Y luego da un argumento. “En toda la historia de tu pacto con el pueblo de Israel, nunca hubo un momento en el cual un hombre justo haya clamado y tú te hayas alejado, pero Yo, Tu propio hijo estoy colgando en esta cruz y clamo a Ti, y Tú no contestas, ¿Por qué?” Y luego da su respuesta en Salmos 22:3 y 22:6, “Tú eres el Santo y yo soy un gusano.”

Usted dice: “Sí, hermano Paul, Jesús murió bajo la ira de Dios. Murió separado.” Pero vamos a entender lo que significan estos términos. Él está en el Jardín de Getsemaní y grita: “Que esta copa pase de mí. Que esta copa pase de mí. Que esta copa pase de mí.”
¿Qué había en la copa? Una vez más, predicadores dicen: “Él no quería ir a la cruz romana. Él no quería los clavos. Está sudando gotas de sangre porque no quiere ese látigo romano, el látigo/"gato de nueve colas" que caía sobre su espalda.”
             
Déjame hacerte una pregunta. 
¿Acaso el Capitán de nuestra salvación tiene menos valor y menos audacia que aquellos que lo siguen? 
¿No es cierto que posiblemente tengamos una historia de 50 millones de posibles mártires? 
¿No es verdad que no mucho después de Su resurrección y ascensión fueron llevados mártires a cruces y fueron clavados y azotados y cubiertos con alquitrán y después les prendían fuego, y sin embargo cantaban himnos, orgullosos y rebosando de felicidad de sufrirlo
¿Usted me está diciendo que el capitán de nuestra salvación se encoge en un jardín porque tiene miedo de una cruz romana en la cual millones de sus seguidores murieron con alegría? 
¿Qué clase de Salvador conoce? 
¿Qué había en la copa?
             
Recuerdo haber estado en una clásica -en una escuela clásica reformada- hace años atrás.   Fui a hablar con el director y él dijo: “Bueno, hermano Paul usted va estar hablando con estudiantes desde Jardín Infantil/de Infantes hasta el grado superior de la escuela.”
Y pensé: “Bueno, eso es bastante amplio.”
Y ellos dijeron... Les dije: “Sabe, yo voy a enseñar sobre la propiciación.” “Bueno, no habrá problemas.”
Entonces entré.  El maestro del segundo grado se acerca y me dice: “Hermano Paul, ¿de qué les va a hablar?”
Dije:  “Propiciación.”
Él dijo: “Ah, maravilloso.  Hemos estado trabajando en eso durante las últimas seis semanas de clase.” 
Le dije: “¿Ah, sí? ¿En qué mundo estoy en este momento?”

Así que me paré y dije: “Propiciación.” Y empecé a hablar, y luego pregunté: “¿Clase, alguien sabe qué había en la Copa?”
Y una niñita de ocho o nueve años de edad levantó la mano.
Y dije: “¿Sí?”
Ella se paró, puso su mano en el pupitre -como se debe hacer cuando se está en ese tipo de escuela- y dijo: “Señor, la ira del Dios Todopoderoso estaba en la Copa.”
Yo dije: “Contemplen la sabiduría de los niños.”
Ocho de cada diez predicadores no sabrían decir eso.

Déjenme decirles algo: El problema en este país no es la política liberal.  Son los predicadores conservadores.
La ira de Dios. La ira de Dios. La ira de Dios.  Que cuando Cristo estaba en ese árbol... Estaba en Europa -probablemente hace unos cinco años atrás- y estaba enseñando en un seminario tipo germánico. Y me fui luego a... había sido un día largo y me fui a la biblioteca y pensé: “Bueno, voy a echar una mirada a ver si puedo encontrar un libro que pueda leer, algo en inglés.” Y encontré un libro: ‘La Cruz de Cristo’.   No era el libro de John Stott, era otro libro. Yo no conocía  al autor. Y lo tomé y me puse a hojearlo pensando: “Bien, vamos a averiguar lo que este hombre está diciendo.” Y llegué a un punto determinado, y esto es lo que decía: “El Padre en el cielo contempló a su Hijo.  Y el sufrimiento que se le impuso por las manos de los hombres lo contó como pago por nuestro pecado.”

Eso es herejía. No quiero quitar nada de lo que le sucedió a nuestro Cristo físicamente.   Pero eso es  herejía. No somos salvos por lo que los romanos le hicieron a Él. Somos salvos por lo que Dios le hizo a Él. ¿Nunca han leído: “Y agradó al Señor quebrantarlo?(Isaías 53:10) 
Eso fue cuando Él estaba en ese árbol. Toda la perfecta, radiante, ardiente, inmaculada justicia; la justicia santa del Dios Todopoderoso se centró en un individuo en una montaña y se vino abajo con toda la fuerza del odio santo de Dios contra la maldad de los hombres. Alguien tenía que morir bajo la ira de Dios.
Ahora, aquí hay algo en lo que quiero que piensen. 
Los hombres no sólo tienen un problema con Dios. Dios tiene un problema con los hombres. Y si usted no lo entiende, no entiende el evangelio y no está de acuerdo con el cristianismo histórico.

La gente me dice: “Hermano Paul, he sido salvado.”
Digo, “¿De qué?”
“Del pecado.”
“El pecado no estaba tras de ti. El pecado era la causa de tu problema.

¿De qué has sido salvado?”
Te diré de lo que has sido salvado. Dios te ha salvado para Sí mismo, por Sí mismo, y Dios te ha salvado de Sí mismo.  De la justicia perfecta, de la Santidad de Dios que algún día caerá sobre las naciones. Y los más grandes capitanes y los reyes del mundo clamarán a las rocas que caigan sobre ellos para esconderlos de la ira del Cordero.  Te ha salvado de eso, porque ese Cordero murió en ese árbol en tu lugar.

Lees la historia de Abraham y de Isaac y él lleva a ese hijo único hasta esa  montaña y lo ata, y lo acuesta sobre esas ramas; si va a encender un fuego no sabemos, pero sabemos que el viejo pone su mano sobre la frente de su hijo y con un cuchillo entrega su voluntad a Dios para bajarlo estrellándolo sobre el pecho de su niño, para masacrarlo.  Su único hijo. Y justo cuando su voluntad es entregada a la voluntad de Dios, se le da la orden de detener su mano.
Y dices: "¡Qué maravilloso fin de la historia!"
¿Final? Ese no era el final. Ese fue el intermedio.

Cientos de años después, uno o dos milenios más tarde, Dios pone su mano sobre la frente de su Hijo Unigénito, toma ese cuchillo de la mano de Abraham y lo lanza sobre el pecho de su Hijo Unigénito y lo masacra en ese árbol. 
Usted dice: “Bueno, nunca he oído hablar de tal cosa.” 
Estoy seguro de que lo ha oído aquí. Usted simplemente no ha estado escuchando.
Lo digo de esta manera a fin de que usted comprenda la transacción que ocurrió en ese árbol. Dios es justo. Él no puede simplemente justificar a los malvados. La justicia debe ser satisfecha.  La ira de Dios aplacada, por la muerte del propio Hijo de Dios.

¿Se pregunta ahora por qué tal vez hay tan poco poder en la predicación que hacemos? Es puro credo. Quiero decir, ¿cómo se puede sentir pasión a causa de cuatro leyes espirituales o cinco cosas que Dios quiere que usted sepa?
Miren lo que hacemos:
Se predica un sermón. Una persona viene adelante y la aconsejamos por cinco minutos y la declaramos salva por nuestra propia palabra. Y luego la llevamos a “discipulado” para seguir con cosas más grandes.  Y nunca compartimos con ella el evangelio. 
Esa es una de las razones por la cual la gran mayoría de la gente en nuestras iglesias hoy en día no es convertida.  Este país no está endurecido al evangelio.  Es ignorante al evangelio, porque también lo son sus predicadores.

Usted dice: "Hermano Paul, eres un hombre duro."
Sé que estas son cosas duras. Pero son verdaderas. Son verdaderas. Y una de las razones por las cuales tenemos que convertir a la iglesia norteamericana en un "Parque de Atracciones de Jesús" es porque ya no hay ningún poder.  Y ya no hay ningún poder, porque ¿adónde se ha ido la predicación?  
¿Adónde se ha ido la oración? 
Él amor sacrificial basado en la muerte expiatoria de Cristo, ¿adónde se ha ido? Él murió aplastado bajo la ira de Dios.

Imagínese parado a una milla de distancia de una represa de mil millas de altura y mil millas de ancho llena hasta el borde con agua.  Y de repente, las paredes se caen y esa fuerza destructiva viene sobre su cabeza, pero justo antes de que lo alcance, el suelo se abre y se traga el agua. Así también Cristo le ha salvado de la ira de Dios.  Él murió, y se levantó de nuevo para nuestra -o por causa de- nuestra justificación. La resurrección de Su Hijo es la declaración pública de Dios de que nuestros pecados han sido expiados. Está pagado. Cuando Cristo murió en la cruz, Él reivindicó a Dios. Y cuando Dios resucitó a Su Hijo, lo reivindicó a Él.
Usted dice: “¿Qué quieres decir hermano Paul con reivindicó a Dios?”
Ese es todo el argumento del Apóstol Pablo.
Él está diciendo aquí: “Esto fue para demostrar Su Justicia.”
“¿La justicia de quien?”.  De Dios.
¿Por qué Dios tiene que demostrar Su justicia?
Debido a esto: “En Su paciencia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente.” (Romanos 3:25).

Bueno, me encantaría entrar en esto. No tengo tiempo. Pero permítanme decir algo. Esto es lo que significa:
Imagine a un acusador delante de Dios. Imagine "al" acusador ante Dios. ¿Sabe usted que Satanás y los ángeles, a pesar de que sabemos tan poquito de eso -no lo suficiente como para escribir un libro- cayeron, fueron expulsados?  Hubo algo que ocurrió entonces: que la justicia fue perfecta, fue distributiva.  Justicia perfecta. Y no hubo necesidad de explicación: justicia.
Pero, ¿puede usted imaginar al acusador hablando con Dios acerca de su trato hacia los hombres?

Dios: “Adán, la paga del pecado es la muerte. Tú comes de ese árbol y morirás, Adán.”

(Acusador): “¿Usted usó de misericordia? ¿Dónde está Su justicia? 
¡Ah, y Abraham!, ¡no, ni siquiera Abraham! Retrocedamos hasta Noé. ¿Noé?, debería haber muerto con el resto de ellos.  ¡Ah!, y Abraham, ¿Su amigo? Debo señalar que puso en peligro a su esposa por pensar en sí mismo, mintiendo.  Y recuerdo que no le creyó a Usted en algunas ocasiones.
¡Ah, y David!, ¿un hombre según Su corazón?  ¡Fue un adúltero! Orquestó el asesinato de un hombre. Estaba impulsado por orgullo. No obedeció las leyes del Rey.  ¿Dónde está Su justicia, Dios? ¿Cómo puede Usted salvar?
Dejemos de lado a Adán, al menos por un momento. ¿Cómo es posible que saque Usted a Noé de un diluvio?
¿Cómo es posible que llame a Abraham 'amigo'? 
¿Y cómo puede llamar a David 'hijo'?"

Y Dios apunta a aquel árbol y dice: “porque Mi Hijo murió por todos ellos.” 
Y así, de una vez por todas, la justicia de Dios es reivindicada.

Déjenme decirlo de esta manera. No está muy de moda.
Pecador, ¿quieres saber que te hará Dios un día si rechazas a Cristo? Bueno, déjame decirlo de esta manera. Cuando Su propio Hijo llevó sobre Sí el pecado, Dios lo aplastó. ¿Qué crees que hará contigo?

Una vez más.  Este no es el Dios del cristianismo contemporáneo. Pero es el de las Escrituras.  Él murió.  Él se levantó de nuevo. 

Terminaré con esto:
Me encantan los patrísticos.  Los detestaba cuando estaba en el Seminario, porque me calificaban por saber o no de ellos todo ese tiempo y son un grupo muy difícil de comprender. Pero ellos tomaban la ascensión del Salmo 24 y la utilizaban con respecto a Cristo.
Cristo muere y se levanta de entre los muertos.

Pero ahora, vamos a ir por un momento a Job, con su gran grito de angustia, uno de los primeros patriarcas. “¡Ah, si hubiera alguien que pudiera poner sus manos sobre nosotros dos, extendiendo sus manos lo bastante lejos como para llegar a Dios y extender las manos lo bastante lejos como para llegar a mí!”. Como solía decir Spurgeon, “Una escalera que sólo llega a la cima y no a la parte de abajo no sirve.  Y una escalera que llega hasta abajo, pero no a la parte superior, tampoco sirve.”
¿Hay alguien? 
Ahora, como cristianos evangélicos y como Bautistas y Bautistas del Sur hemos, con toda razón, defendido tanto la deidad de Cristo -siempre debemos defender eso, Él es Dios- pero, a veces en esa defensa, olvidamos que Él es hombre. “Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y el hombre, el hombre Cristo Jesús.” (I Timoteo 2:5) Dios, sí; hombre, sí. 
Necesitábamos un Dios que nos defendiera. Necesitábamos un hombre que se levantara en nuestro lugar. Y ese hombre vino y vivió una vida perfecta y murió.  Una muerte perfecta y suficiente.  Y se levantó de nuevo de entre los muertos.  Y cuarenta días después, ascendió.
Y los predicadores del pasado decían esto:
"El Cristo hombre se para delante de las puertas de gloria y grita: ‘Eleven sus dinteles, oh puertas, y levántense puertas antiguas, para que el Rey de Gloria pueda entrar.” (Salmo 24:9) Y desde el interior de esas puertas hay tal conmoción que se oye esta respuesta: “¿Quién es este Rey de gloria?” (Salmo 24:10)

Es como si estuvieran diciendo: “Ningún hombre jamás ha llegado a estas puertas. Ningún hombre jamás se ha atrevido extender su mano para tocar el pestillo de esta puerta. ¿Quién es este Rey de Gloria?” 
Y entonces Cristo grita: “El Señor, fuerte y poderoso, el Señor poderoso en batalla. Levanten sus dinteles oh puertas y levántense puertas antiguas, para que el Rey de Gloria pueda entrar.” 
Y por primera vez en todos los tiempos, las puertas del cielo fueron abiertas a un hombre, un hombre para nosotros.

¿Cómo fue?
¡Todos aclamen el poder del nombre de Jesús!
¡Dejen que los ángeles caigan postrados!
¡Traigan la diadema real y corónenlo como el Señor de todo!
¿Puede usted imaginar al hombre en la carne acercarse al trono de Dios y sin una vacilación o duda, tomando cada paso con mayor grado de gloria y sentarse a la mano derecha de su Padre? 
Y su Padre, sin ninguna pregunta, sino con una mirada de afirmación mirar hacia Él, y decir:  "Hijo, consumado es"
"Padre, consumado es, efectivamente.” (Juan 19:30)  

“Y este mismo Jesús a quien vosotros habéis crucificado, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2:36)

Yo nunca le digo a un hombre que haga a Cristo Jesús el Señor de su vida. Esa es la declaración más absurda que se podría hacer. Jesús es el Señor de su vida. Dios Lo ha hecho así. La única cosa que ustedes señores pueden hacer, es un ídolo. Pero Dios ha hecho a este Jesús, Señor y Cristo. Y este es el mismo Jesús que ascendió y volverá en gloria y poder para redimir a una novia para Sí mismo, y para juzgar las naciones con una vara de hierro.

Un mensaje como este requiere más que la simple pregunta de credo: ¿“Ahora, le gustaría abrir su corazón y pedirle a Jesús que entre?”
Ese no es el llamado del evangelio.
Es: “Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan y crean en el evangelio”.
Y, la confirmación de que  usted ha creído realmente no se debe a que algún líder se le acerque y diga: “Ahora usted es salvo.”  Esta confirmación será la obra perdurable de Dios en su vida. Usted dará frutos, o no es salvo.

Él lo capturará y lo tomará, lo educará y enseñará, y lo guiará y lo disciplinará, o usted es apenas otro estadounidense con una falsa esperanza a causa de los falsos predicadores, y usted comparecerá delante de Dios y será juzgado. 
Pero sepan esto: han sido advertidos esta noche de que el evangelio es fragancia de vida para algunos, y es el olor de la muerte para otros.

Pero este es el evangelio: "Arrepiéntete y cree". 

Y si esta noche usted está temiendo por su alma, yo me quedaré aquí toda la noche con los otros pastores y  los misioneros. Seguramente, alguien por aquí puede hablarle acerca de Jesús. Y examinaremos las Escrituras aunque nos lleve toda la noche. Le prometo que no serán cinco minutos. Se necesitará mucho más tiempo. Y no pediré que me dé su mano y le “dé su corazón a Jesús” porque eso es simplemente más jerga sin valor alguno. 
Le voy a decir: “Arrepiéntase.” Y le voy a ayudar a comprender lo que quiere decir. Le diré, “Crea” y le ayudaré a comprender lo que eso significa.

Oremos.

Padre, ayuda a Tu pueblo y ellos serán ayudados. Amén.

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